Escribir un blog como este es un trabajo solitario. No lo digo por el hecho de que el acto de escribir es, en sí, solitario; sino más bien por el hecho de que no hay otros espacios como este: un blog de un cubano que está yendo en contra de la corriente de un mercado que poco le ha importado cómo se consume la cultura cubana; que está diciendo que esto no puede ser el baile por el baile solamente, que también tiene que haber un enfoque cultural, una conexión con Cuba y los cubanos.1
Por mucho tiempo, las ideas que aquí se exponen han sido muy útiles para muchas personas, que así me han comentado, precisamente porque son pocos los que están hablando de estos aspectos sobre los bailes cubanos de la manera en que lo hago yo. Por otra parte, dado que son pocos los que hablan, y una de las voces que más se ha viralizado en esta conversación es la de un cierto señor sumamente tóxico (si sabes, sabes), algunos me tienden a asociar con su retórica, no importa qué tanto yo intente que la gente me vea diferente.2 Si nadie más dice estas cosas, la asociación es, lamentablemente, lógica.
Julio Montero cambia todo esto.
Julio Montero aprendió a bailar casino en Santiago de Cuba, de donde proviene, imitando lo que veía de sus amigos. En fin, se hizo casinero como lo hace la mayoría de los cubanos en Cuba: empíricamente. Julio no aprendió casino con ningún método. Julio no es ni nunca fue parte de ninguna fundación. A Julio no se le puede asociar con nadie sino con él mismo. Hoy por hoy, Julio cuenta con una trayectoria de más de veinte años enseñando casino en Vancouver, Canadá, creando espacios para intercambios culturales en Cuba y visibilizando el casino que allí se baila, como se puede aprenciar claramente en su página de YouTube. También es uno de los pocos instructores de casino que puede decir que ha sido parte primordial de un video musical de una de las más reconocidas agrupaciones de música popular bailable cubana, como lo es Elio Revé y Su Charangón, con la que Julio colaboró en la producción del video para el tema “Cuba baila casino“.
Por todas sus experiencias, Julio representa una invaluable voz cubana que se une a la conversación sobre qué está pasando con nuestra cultura fuera de la isla (algo que intenté resaltar en esté artículo), así como también cómo las personas no cubanas se pueden acercar más éticamente a nuestra cultura (sobre lo que será en gran parte este diálogo a continuación).
Sin más, aquí les dejo la transcripción de la conversación que tuve con Julio Montero en la mañana del 21 de junio, 2024.
DL: Cuéntame un poco de tu experiencia con el casino en Cuba. ¿Cuáles fueron tus primeras experiencias? ¿Qué te impulsó a querer aprenderlo?
Tuve la fortuna de aprender a bailar Casino en la beca.3 Estudié en la escuela vocacional Antonio Maceo de Santiago de Cuba, donde al entrar con 15 años de edad me preparaba con la intención de eventualmente estudiar medicina. Previo a ingresar en esa escuela, me imaginé que sería un lugar de sabelotodos en el que casi todos usaban espejuelos, comiéndose libros a diario…Nada que ver. Se estudiaba bastante, ¡pero se bailaba mucho más!
Pronto aprendí dos cosas: 1) que el Casino en las escuelas tipo beca es cosa seria. 2) Si no bailabas Casino, no eras cool. Así que aprendí, y me volví casi adicto.
Mi amigo Frank fue quien me enseñó. Practicábamos a toda hora y en todas partes. Mis compañeras de clase Iris, Tamara y Liudmila también me ayudaron. Los recesos de 10 minutos entre clase y clase se aprovechaban para practicar. Practicábamos también por las noches después de estudiar y en el dormitorio. Ahí nos ayudábamos entre los varones a mejorar las figuras porque al bailable de los miércoles en la noche (llamado Recreación) teníamos que ir afilados. La Recreación era el gran momento de bailar, hacer ruedas y exhibir el avance de uno como casinero. Reitero: el casino era cosa seria. Yo me aprendía una secuencia con antelación mentalmente, para que al bailar en la recreación todo fluyera bien.
DL: En otras palabras, aprendiste el casino empíricamente, como lo aprende la mayoría de los cubanos en Cuba.
JM: Claro, en mi época no existían las escuelas de casino. Ahora, como resultado del turismo y la comercialización del baile, han surgido algunas escuelas, la mayoría de las cuales no recomiendo. El buen casino se aprende entre cubanos o por lo menos con cubanos no infectados por la toxicidad del turismo y las deformaciones que le ha imprimido al baile.
Mira, hay algo en el proceso del aprendizaje de un baile empíricamente que ni yo he podido descifrar. Solo puedo decir mis impresiones al respecto–sin ninguna ciencia que me apoye. El empirismo (aprendizaje basado en la experiencia) es un fenómeno fascinante porque yo aprendí a bailar casino en una semana. Todo empieza cuando dices: “Yo quiero aprender esto” y un amigo te responde: “Bien, echa pa’cá”.
La palabra que usamos es aprender a marcar. ¿Qué es eso? Hacer el famoso Guapea. Y siempre hay un amigo que te dice: “Yo te enseño a marcar”. Esa es la palabra clásica que se usa también cuando alguien te dice que sabe bailar casino, por lo menos al nivel más básico.
Bueno, mi amigo Frank, que fue quien me enseñó, era casinero ya consagrado porque su hermano había entrado a la vocacional antes que él. Su hermano era de onceno. Entonces él ya había pasado por todas esas cosas y preparó a su hermano, previo a su entrada a la vocacional. Había un montón de chamacos que ya sabían bailar casino antes de llegar a la vocacional, como mi amigo Fausto. Esto me indica que los cubanos también aprenden en otros medios, previo a entrar a un medio tan exclusivo, como el de una beca. Eso lo había visto también en la secundaria. En las fiestecitas que hacíamos, ya había uno u otro que sabía bailar casino.
Nunca le metí mucho cerebro a cómo se hacía todo eso. Cuando estaba en la secundaria, mi interés en el baile era otro. Yo empecé a bailar en 1989, cuando salió el dúo Milli Vanilli, que junto con eso vino la furia del rap.4 Fue un momento histórico donde había un montón de cosas ocurriendo desde el punto de vista musical. Sonaba la lambada, y ya estaban el baile “disco” que se hacía con música de Madonna y el breakdance. Realmente es impresionante la cantidad de ritmos que bailamos (o mejor dicho, bailábamos) los cubanos creciendo. Incluso te confieso que primero bailé merengue antes de bailar casino. Cuando empecé con el casino en 1991, en Santiago se bailaba de todo: dancehall jamaiquino con Beenie Man, dembow panameño con El General, merengue, punta, y hacíamos el “running man” del rap inspirados en Bobby Brown y MC Hammer, además de bailar “discoteca” europea empedernidamente.
Un episodio al respecto: en octavo grado, reté a un chamaco a ver quién bailaba mejor el pigüe (Running Man del rap). Después que hacemos nuestro duelo, entra Liván—a quién encuentro cada vez que voy a La Habana—y dice: “Ahora yo reto a todo el mundo aquí a ver quién baila mejor NG la Banda”. Y es que cuando salió la furia de NG la Banda (que ni siquiera la palabra “timba” se utilizaba), había unos pasitos que la gente hacía cuando bailaba en los conciertos donde no había espacio para bailar casino por lo abarrotado de gente que se ponían. La gente lo que hacía eran unos pasitos y movimientos corporales sueltos, bien estilizados. Lo que hizo Liván me impresionó por lo humorístico, pero también por su cubanía. Y efectivamente, tiró unos pasillos NG la Banda magistrales. Tomé seria nota y hasta los aprendí.
En fin, volviendo al empirismo, ya desde octavo y noveno grados, había unas fuerzas motoras que se habían desarrollado durante la secundaria. Así que cuando entré a la vocacional, a pesar de no saber bailar Casino ya tenía ritmo, y eso fue algo aportado por el empirismo, pues nunca fui a ninguna escuela de baile ni tomé clases de baile jamás, tal y como la inmensa mayoría de los cubanos que somos bailadores
DL: Ya tenías tu “tumbao”.5
JM: Exacto. Y pienso que uno aprende tan rápido el casino por tres cosas. La primera es el aprendizaje visual que ya se hace con sólo crecer en Cuba, la segunda es el ser joven, lo cual hace a las cosas más fáciles de adquirir. La tercera es que el casino es un baile que se ejecuta caminando. Eso, combinado con métodos no ortodoxos de enseñanza da resultados muy rápido –métodos que aquí en Canadá no pudiera usar para impartir una clase
DL: Yo me identifico mucho con eso. Cuando yo empecé a bailar a finales de los noventa, yo me socializaba en las fiestas, las peñas de la secundaria6, o en la “disco fiñe” (discotecas para menores de edad) a la que iba puntualmente todos los jueves desde que estaba en sexto grado. Lo que se ponía en mi tiempo era mucho techno. Tú ibas a la disco fiñe a hacer El Reloj en el piso, el breakdancing. Y de pronto te tiraban una baladita como “Te quise olvidar” de MDO y tú ahí, tratando de bailar con una muchacha.
JM: Sí. Y de acuerdo a cómo te sostenían ellas por los hombros, te pegabas más o te pegabas menos.
DL: Así mismo.
JM: Bueno, retomando el casino: el baile de casino se volvió vicio para mí cuando llegué a la vocacional. Una de las cosas que precisamente les conté a mis estudiantes ayer fue sobre las rivalidades. Como la vocacional era una escuela enorme subdividida en varias escuelas llamadas “unidades”, cuando cada unidad hacía su gala cada una llevaba su rueda de casino. Y ahí estábamos sentados nosotros en primera fila, mirando qué figuras estaban haciendo, que no nos hubieran robado ninguna figura y grabando todo visualmente para que, cuando tocara nuestra gala, tirar una rueda mejor que la de ellos.
Recuerdo hacer mi primera rueda de casino en onceno grado. El subdirector de la escuela, notando que éramos el grupo de adictos al baile, nos obligó a hacer un show de rueda de casino en la gala, amenazándonos con acusarnos de “desviación ideológica” si no la hacíamos. Mi amigo Fausto, gran casinero, la dirigió. La etapa de la beca fue cuando posiblemente más bailé casino en toda mi vida.
DL: Háblame un poquito de eso mismo: de la beca. En mi caso, igual que tú, antes del pre, yo lo que hacía era bailar socialmente, tiraba mis pasitos, pero yo no bailaba casino. Me ponían la Charanga Habanera y yo marcaba. Y ya. No hacía más nada. Pero sabía que cuando yo llegara a la beca, iba a aprender. Porque ese era el espacio por antonomasia del casinero. Toda la gente que bailaba buen casino en mi pueblo era porque estaban becados.
¿Por qué crees que la beca (y no un espacio anterior o hasta posterior, como la universidad) funciona tan bien para aprender casino?
JM: Sencillamente por la vida de internado. Estamos confinados todos a un mismo espacio donde las opciones son limitadas. En la beca, tú solamente estudias. Más allá del estudio (que es una carga bastante grande), las únicas otras opciones para tener una vida social son los deportes y el baile. El baile es una de las actividades principales en la beca. En la vida social de la ciudad hay muchas más opciones, distracciones. En la beca no. Esto es lo que hay.
DL: Me estás diciendo que la beca lo que hacía era agudizar tus herramientas para bailar casino. Por lógica, si pasas por la beca, serás un mejor casinero porque tuviste más práctica. En tu experiencia en Cuba, ¿notabas que la gente que se había becado bailaba mejor casino que la gente que no?
JM: Hay muy buenos casineros que no vienen de beca. Pero lo que sí hace la beca es que por lo menos todos aprenden a bailar de una manera muy semejante. Se replican fielmente los patrones del casino. Obviamente, tendría yo que hacer una encuesta para preguntar quiénes de los (buenos) casineros más notables hoy en día vinieron de becas.
¿Qué es lo que pasa? Un estudiante de la beca va para la universidad, se gradúa de ingeniería o de lo que sea, y acaba agarrando otro camino en la vida. Es por eso que en la escena del casino internacional, el egresado de la beca no abunda mucho. Mucha gente que se dedica a enseñar casino no viene de ese medio. De hecho, los que no son cubanos para colmo lo aprenden fuera del país…y ocurre lo que ocurre.
Pero yo diría que sí; que los mejores bailadores de casino vienen de las becas. Y cuando digo “los mejores”, no hablo desde un punto de vista de estrellato, sino me refiero a la manera de ejecutarlo, me refiero a la gente que baila bien el casino, que lo baila con los códigos del casinero, con el lenguaje corporal de un casinero; gente que es distintivamente casinera. Eso sí lo produce la beca y por montones.
DL: Me acabas de decir que la gente de la beca replicaba mejor el casino con los “códigos del casinero”. ¿Cuáles son esos códigos?
JM: Sí. Mira, volvamos al contexto de la confinación: no hay mucha diversidad en materia de técnicas de ejecución de figuras, aunque sí había diversidad con respecto a detalles personales. Lo que haces es copiar lo que está haciendo el amigo que te está enseñando. Por eso era que las ruedas eran bastante uniformes. Dicho esto, todavía recuerdo la forma en que marcaban mis diferentes amigos, por eso insisto en los detalles personales, los cuales se vuelven muy evidentes cuando el casinero está marcando. Recuerdo cómo marcaban Tatiana Rodríguez, y Sirlinda. Ella es la esposa de un famoso reguetonero cubano, “El médico del rap”(de la época del Candyman). También recuerdo cómo marcaba mi amigo Frank. Había diversidad en el marcaje, pero todo dentro de una manera similar general de bailar el casino.
Ahora, sobre los códigos del casino. Hablar verbalmente del baile es difícil. Lo más fácil sería hacer una demostración para ilustrar lo que identifico como “códigos”, pero los puedo resumir en lo siguiente: yo reconozco a un casinero por las gestualidades y los pasos. Hay movimientos corporales que son típicos de un casinero. Hay una forma de oscilar los brazos cuando estás marcando. Hay una forma de entrar al Dile que no. Obviamente, cuando una persona baila casino marcando adelante, ya por ahí se establece otro código esencial. Incluso cuando se hacen los pasos en las figuras del casino, hay unas sutilezas del casinero que se pueden usar para adornar el baile. Por ejemplo, puedes ver cómo las mujeres, al entrar al Dile que no, a veces hacen como una caidita. O uno mismo lo puede hacer cuando está haciendo la figura Ola, por ejemplo.
También hay formas de hacer ciertas figuras. Te voy a dar un ejemplo: el Dile que no, casi todo el mundo fuera de Cuba lo hace, en el rol de guía, dando un paso hacia adelante en el conteo uno y te echas para atrás después. Bueno, eso yo lo asimilé fuera de Cuba. Jamás en mi vida hice eso en Cuba. Acababa en la posición de transición (tiene otros nombres según quién la enseñe), pero yo iba en retroceso desde el primer paso del Dile que no. Lo hacía en retroceso. Entonces, eso de pisar adelante en el conteo 1 para mí era una cosa rarísima. Hoy en día lo he incorporado, pero he estado conscientemente implementando mi Dile que no de la beca como parte de retomar el casino de la manera en que lo bailaba yo empíricamente para también ver qué otras posibilidades se pueden explorar en el baile.
He estado estudiando la forma en que bailan los bailadores empíricos en Cuba. El otro día había un video que Jorge Luna Roque compartió de una rueda de casino hecha en Bayamo. Si ves esa rueda, no hacen nada complicado, pero cuando veo ese video, vuelvo a la beca. Soy transportado. Esa gente me representa. Me identifico al mil por ciento con esa manera de bailar. Y si lo miras bien, es rarísimo ver fuera de Cuba a la gente bailar así.
Hay ciertas cosas que uno nota que te dicen: “Fulano es un casinero”. Otra cosa es cómo la gente arranca con las figuras. También la manera de guiar. Tú puedes ver cuando alguien está influenciado por otros estilos cuando empiezan una guía no llevando a la persona a hacer una vuelta externa, sino haciendo el giro en el lugar, como en la salsa lineal. Hay muchachas que sí he notado que les gusta empezar sus vueltas de una manera más estática, pero muchas casineras arrancan con sus vueltas avanzando.
Esas gestualidades de las que te hablaba son muy distintivas. Y no te las hacen gente que tienen formación de cabaret, ni de escuela de arte, por ejemplo. Tendría que auxiliarme de un video para explicarlo mejor.
DL: Yo entiendo eso porque yo no llegué a la beca en Cuba. Me fui terminando el 9no grado. Hice mis pruebas de ingreso y todo, pero me fui. Yo tenía el tumbaíto, pero fue en la universidad cuando aprendí casino de verdad. En el pre en EE.UU. mi enfoque era estudiar para poder tener las notas para ganarme becas e irme para la universidad. Tenía otras prioridades. Fue en la universidad, en ese espacio donde precisamente estaba albergado y quería buscar algo que hacer, donde empecé a aprender.
Aprendí un poco más formal, no de manera empírica. Pero siempre he tratado de replicar (a veces no muy bien) los tumbaos que yo había visto cuando vivía en Cuba.
JM: Sí, pero eso sí lo noto en tu forma de bailar. Yo sé que habías aprendido fuera del país, pero ya tu experiencia en Cuba te dio un montón de formación a través de las cosas que habías asimilado visualmente. Por eso cuando bailas, se ve que bailas como un casinero. Ya tenías un montón de referencias visuales consciente e inconscientemente registradas mentalmente.
DL: Es lo que te digo: siempre estoy tratando de regresar. Yo aprendí formalmente, primero a través de los Salsa Lovers, y después con la ayuda del MCC. Pero esas son herramientas de aprendizaje nada más. Son un inicio. Yo tenía que regresar a la fuente, pues ahí es donde estaba lo que buscaba.
Sigamos hablando del bailador empírico. Como bailador empírico, ¿crees que la empiria se puede replicar en una academia? En Cuba no hacemos eso. En Cuba no “desglosamos” como lo hace una academia con cada conteo. Así que, ¿crees que como tú aprendiste en Cuba (eg. “Haz esto que hago yo”) se puede replicar en una academia?
JM: No. Yo no puedo enseñar a la gente a bailar de la manera en que yo aprendí. La empiria no es replicable en una academia de esa forma. La gente no está pagando para aprender empíricamente. Yo no puedo tratar a mis estudiantes cómo me trataban mis amigos cuando me estaban enseñando a bailar casino.
También, el contexto cultural es muy importante. En otras partes del mundo, yo pudiera replicar la empiria: agarrar un vecino mío o un grupo de gente en mi barrio y decir: “Vamos. Copia esto” si son personas que vienen de sociedades donde hay ritmo, donde se baila. A un canadiense no puedo hacerle eso. Pero con gente que viene de culturas donde se baila, pienso que podrían tener la capacidad de replicar algo empíricamente.
En ciertos países latinoamericanos, por ejemplo, los resultados que uno puede tener como instructor de casino son incomparables. No es lo mismo enseñar en Europa, en Canadá y EE.UU., que en Lima, Perú o en Venezuela. Un venezolano te aprende a velocidad luz porque vienen de una cultura que comparte enormes similitudes con la nuestra.
DL: Completamente de acuerdo contigo. Hay culturas que enfatizan más el baile social; otras que no. También matizaría que aún dentro de esas culturas donde no predominan los bailes sociales, sí hay subculturas que lo hacen. Por ejemplo, dentro de EE.UU. existe una probabilidad más grande de poder enseñarle casino más fácilmente a un afroamericano que a un blanco americano, precisamente porque ya hay un tumbao, algún tipo de empiria en el primer grupo, que facilitar hacer eso.
Lo que estoy pensando es que sería difícil (hasta casi imposible) enseñar la empiria dentro de una cosmovisión puramente de academia–precisamente porque lo que la academia hace es intentar desglosar todo, ir paso por paso, y eso no representa cómo uno aprende empíricamente. Va a crear, por ende (a mi forma de ver), resultados diferentes. La gente luce diferente cuando baila casino cuando ha pasado por una academia y no tiene ese trasfondo de tener un tumbao anterior, algún tipo de empiria ya establecida. Como dices que reconoces a la gente que aprendió en las becas, yo reconozco a los que aprendieron en academias.
JM: Sí. Hay su instructor talentoso que ha sido capaz de enseñarles algo a sus estudiantes que lo hacen lucir como cubanos. Algún detallito. Conocí a una muchacha que hacía un movimiento de los pies bien bonito cuando marcaba. Cuando le pregunté dónde había aprendido, me dijo que su profesora cubana la había enseñado. Replicar la gestualidad total de un casinero, si no has crecido en Cuba, requiere bastante talento personal y trabajo de observación por parte del estudiante, además de una buena enseñanza por parte del instructor.
Pero es verdad que las sutilezas se pierden. Y más si uno está fuera del contexto cultural.
DL: Por ahí va mi conclusión: la escuela, con la metodología que tenga (porque si estás en una escuela, tienes que tener algún tipo de metodología)…eso no debe de ser el todo. Debe de ser el inicio. Para mí, lo que la escuela debe hacer es decirte: “Esto es un inicio. Vete a estar en comunidad con los cubanos para que agarres esos matices y así te des cuenta de que hay cosas que se hacen diferentes”.
Yo soy profesor de español. Yo les digo a mis estudiantes: “Te voy a enseñar palabras que se podrían entender en todos los países. Por ejemplo, si digo autobús, eso lo entenderán todos. Si digo guagua, algunos no sabrán lo que estoy diciendo y otros hasta la confundirán con otra cosa. Pero tienes que salir a las comunidades hispanohablantes y hablar con ellos para darte cuenta de la jerga de cada uno”.
Regresando al casino, la escuela no puede ser un sustituto para la socialización, que es tan importante para el casino (o para cualquier baile social) que tienes que tener para con la gente de esa cultura. Porque si no haces esto, lo que termina pasando es que empiezas a divorciar el producto de la gente que ha creado el producto. La gente puede comenzar a sentir que, como esto es “solo un baile”, ellos tienen ciertos “derechos” de hacer ciertas cosas con este producto porque no hace falta ligarlo con la cultura.
Muchos extranjeros creen que pueden enfocarse solo en el baile, verlo en aislamiento de su contexto cultural, y no tener que saber nada de la cultura. ¿Por qué? Porque se ha enseñado como algo totalmente encapsulado dentro de la academia, sin un contexto cultural más allá de ella. Y veo que muchas academias no hacen esto de decirle a la gente: “Esto que estamos haciendo aquí es artificial. Yo quiero que aprendas lo suficiente para irte a una comunidad donde están los cubanos y aprender de ellos también”. Si hiciera esto, la gente comenzaría a verdaderamente aprender los matices del casino, a sacar sus tumbaítos.
Creo que se pierde al pensar en la academia o escuela de baile como un principio y un final. De hecho, muchas academias venden esta idea: “Solo con venir a un curso de seis semanas, ya está”. No debería ser así. Debería ser más como: “Esto es un curso de seis semanas para darte una idea, pero tú tienes que irte a estar en comunidad con los cubanos”. Si no empujamos este acercamiento, los cubanos paulatinamente comenzarán a quedarse en la periferia de su propia cultura al dejar de ser los referentes del baile.
JM: Y ahora se ha complicado esa referencia. Con todo respeto a quienes lo hacen, yo antes organizaba viajes a Cuba. Actualmente, ya no lo hago.
DL: Háblame un poco sobre por qué has descontinuado los viajes a Cuba.
JM: Yo los hacía y trataba de ofrecerles a mis estudiantes una experiencia lo más cultural posible: nos quedábamos en casa particulares, organizaba clases con algunas escuelas. Pero más que nada: yo organizaba eventos sociales. Buscaba bailadores de casino y organizaba unas salidas y nos íbamos todos a bailar, a compartir juntos. Era lindísimo. Íbamos a conectarnos con la cultura local.
Tomé la decisión de parar porque Cuba está complicada. Por un lado, cualquier cosa puede ocurrir. Estando allá de viaje, puede haber un estallido social y nos quedamos estancados allí. Segundo, la situación precaria del país. Mis amigos en Cuba hoy en día están pasando hambre. Cuando hacía mis viajes a Cuba, mis amigos de la escuela, de la universidad, todos estaban en la luchita, pero tenían vistas de mejoría. Todo cambió drásticamente después de la pandemia.
Por una cuestión de mis valores, no me siento bien llevando grupos de personas allá y dándoles una experiencia completamente disociada de la realidad. Cuando ellos van, yo tengo que alimentarlos apropiadamente. Entonces, no quiero que ellos estén comiendo mucho mejor que mi familia y amigos en Cuba. Se me hace un poco cruel que mi gente esté pasando hambre y que la gente que vaya en el tour ni cuenta se dé.
Para yo llevar a la gente tendría que ser un tour guerrillero, donde todos saben que va a haber apagones, donde se coma lo que se pueda, donde se vive como el cubano. Y yo no puedo cobrarle a alguien por una experiencia así. [Risas]
Por otra parte, hoy en día se me hace difícil poder ofrecer una experiencia de casino auténticamente cubano, dentro de la misma Cuba, porque no tengo vínculo con ningún grupo de casineros que esté al margen del mal turismo cultural. Para a llevar a mis estudiantes a compartir con casineros ya no tengo buenas opciones porque yo he ido a La Habana muchísimas veces y actualmente la escena del baile de casino en estos lugares que son frecuentados por turistas es un circo. Todos estos lugares están llenos de payasos que van a impresionar a los turistas y te hacen cualquier cosa.
Me dicen que todavía quedan lugares de bailes sociales, que son mayormente frecuentados por cubanos sin vínculos con el turismo. Vamos a ver cuánto tiempo duran o pueden conservar su autenticidad dichos lugares. Tendría que hacer yo una buena investigación para ver con quién conectarme, ver si hay alguien que tenga una escuela de casino, un grupo o una comunidad que no haya sido intoxicado por el mal turismo cultural. Porque solamente con ese tipo de comunidad de baile tendría yo una garantía de autenticidad casinera.
DL: Eso que me estabas comentando fue algo de lo se dio cuenta Nicole de Dile que NOLA, y que me comentó en una entrevista. Como dijo ella, uno de cada cinco cubanos en esos lugares a los que te refieres realmente está para bailar casino; los demás están para agarrar turistas. Y esa es una realidad que hay que admitir porque el turista trae consigo el capital que hace falta en Cuba. ¿Le vas a decir a un cubano que no vaya a esos lugares a hacerse el pavo real a ver si le cae algún negocio? No. Tiene que hacerlo. Es su forma de supervivencia.
Para mí el problema no es tanto lo que hace el cubano (algo en que los mismos cubanos se enfocan mucho en criticar). Como dije: son estrategias de supervivencia–que terminan fomentando ciertos estereotipos, sí. Pero el turista que va a Cuba, va a vivir una fantasía caribeña.
JM: Esa impresión de Cuba está cambiando. Y eso se está viendo en la disminución de la cantidad de gente que está yendo a Cuba a hacer turismo. Menos y menos gente está yendo a Cuba y es porque el mundo está ganando conciencia.
DL: Pero encima de lo malo que está, es precisamente esa idea idónea que el turista tiene de Cuba que hay que batallar. Porque parte de regresarle el casino al cubano es también regresarles su contexto. Yo, cuando vivía en Cuba, había hoteles y playas a los que no podía entrar. Y es todavía una realidad para muchos. Mientras tanto, el turista se queda en el hotel que quiere y come la comida que quiere y no se le va la luz y si se enferma, va a un hospital que tiene todas las condiciones. Pero el cubano no vive eso.
Es lo que dices, yo no puedo, con la conciencia tranquila, llevar a gente a que experimente una Cuba que no existe para el cubano, para vender una fantasía, una visión romantizada, cuando el cubano no está viviendo eso.
JM: Yo hice precisamente un blog en respuesta a esta idea que se dio cuando Obama volvió a abrir relaciones con Cuba. La gente comenzó a decir: “Necesito ir a Cuba antes que cambie”. He estado concientizando a mis estudiantes sobre por qué eso está tan mal. Todo el mundo va a Cuba a disfrutar del pasado capitalista de Cuba, no del comunismo. Se pasean en los carros estadounidenses, admiran la arquitectura presocialista y colonial. Participan del capitalismo, del colonialismo. Van a escuchar la música del Buena Vista, que es lo que les meten por la cabeza—una música que se hizo en Cuba hace mucho tiempo. La gente va a disfrutar del pasado. Nadie va a sumergirse en el sistema. Ver una pancarta del Ché no significa nada porque no afecta tu vida.7
DL: De hecho, algunos de ellos hasta pueden tener una camisa del Ché.
JM: [Risas] Mira, cambiando un poco de tema, un acto de miopía por parte de nosotros los cubanos que vivimos fuera y dentro de Cuba es no darnos cuenta que los no cubanos, en el fondo, quieren bailar como cubanos. Nosotros nos hemos puesto a acomodar todos estos otros estilos de baile (cumbia, salsa en línea), sin darnos cuenta de esa realidad.
Recordemos que imparto clases de casino en Vancouver. Canadá. Cada vez que he decido tomar una acción a favor de arraigarme más a mi cultura, siempre he tenido éxito. Cuando decidí empezar a enseñar casino marcando adelante, yo no perdí estudiantes. Simplemente les dije a todos: “Miren, estaba enseñando este estilo. Hay gente que baila así, pero no es lo que me representa de a corazón. A partir de ahora quiero acercarme más a mi identidad como bailador de casino y quiero enseñarles a ustedes, lo más cercanamente que se pueda, cómo yo aprendí a bailar casino en mi Cuba natal”.
No perdí estudiantes a pesar de que decidí ir en contra de todo lo que uno ve en el entorno. No es fácil adaptarse a un entorno en el que nadie baila como tú. Cuando empecé a salir a bailar aquí, se me hizo una necesidad comenzar a hacer los pasitos esos de “cumbia” para poder bailar con alguien, porque no hay forma que te puedan seguir. Nosotros los cubanos hemos creado un baile (casino) completamente diferente a cómo la gente baila los estilos de salsa.
DL: Sí. Yo he notado bastante en páginas como las de DC Casineros, que cuando ellos ponen videos de gente bailando casino, siempre hay comentarios de otros latinoamericanos que procesan el casino a través de un lente salsero. Y comentan: “Esto no es salsa” o “Así no se baila la salsa”; o “¿Están caminando o están bailando?”
Claro: no es salsa. Por eso es tan importante para los cubanos y para los que apoyan la cultura cubana, que le llamemos “casino” al casino. Es decir, separar el casino de la salsa. Porque si no, lo que haces es que abres las puertas para que existan malas interpretaciones, donde alguien, por ejemplo, de Venezuela, te empiece a mezclar el casino con cómo ellos bailan la salsa en Venezuela (y le llamen “salsa casino”). No. Si quieres bailar casino, tienes que admitir que es un baile cubano que no tiene nada que ver con tu experiencia. Y tienes que usar conceptos de ese baile.
JM: Y cuando bailamos de una manera que no corresponde a la visión romantizada que tienen otros de nuestra cultura, se sorprenden. Si no haces payaserías o gestualidades típicas de un bailarín de tarima, te dicen que no bailas bien y otras idioteces. Pero bueno, más allá de eso, hay un número creciente de personas que sí están apreciando lo nuestro. Y vuelvo a decirte: la gente quiere aprender a bailar como nosotros. Como el cubano ordinario bailador del pueblo. Somos nosotros los que a veces no tenemos la visión y cometemos el fallo de no inculcarles apropiadamente nuestra cultura a esas personas que están interesadas. En ese sentido estamos perdiendo sin necesidad.
DL: Diría también que hay que matizar un poco. Entiendo lo que dices. Pero en Cuba, digamos que tienes tu academia y viene una persona que te baila salsa en línea. Y tú dices: “Esto es casino, no salsa”. Y la persona dice: “Yo vine a aprender salsa cubana. Me voy”. ¿Qué vas a hacer? ¿Lo vas a dejar que se vaya, cuando tú tienes que comer?
JM: Pienso que si a las personas se les explica que esta es la cultura cubana y que los vas a guiar en una inmersión que los ayudará a realmente bailar como nosotros (porque ellos quieren bailar como nosotros), sí: puede que te encuentres con un extranjero arrogante que quiera imponer su visión del mundo; pero yo diría que la mayoría quiere lo contrario. La mayoría quiere aprender cómo se baila en Cuba auténticamente. Es por eso que estamos ganando terreno con nuestra propuesta de regresar a la autenticidad. La gente quiere bailar de manera auténtica.
También existe un tema bastante controversial al respecto, y es lo que estamos haciendo los mismos cubanos: muchos instructores están enseñando a sus estudiantes a bailar como BAILARINES y no como BAILADORES. En principio, todo el que se apunte a tomar clases de baile con un cubano debe ser informado, o tener claro, en qué lo convertirá su instructor. La gente por lo general se mete en cursos de baile para ser bailadores sociales. Una minoría es la que quiere navegar el riguroso camino de ser un performer. En este tema te podría abundar muchísimo más.
DL: Estoy de acuerdo contigo. Pero también en Cuba existen otros factores. Si vas a la Casa del Son en La Habana (cuya dueña, irónicamente, no es cubana, sino española), allí se está promoviendo una percepción foránea de lo cubano. Es decir, el cubano no está controlando la información que sale de ahí.
JM: Es una cuestión de estar empoderado, no solamente financieramente, sino también con habilidades y conocimientos. Míranos a nosotros y por qué estamos teniendo éxito: porque somos cubanos que estamos empoderados: sabemos escribir, redactar un artículo, exponer nuestras verdades, hacer audiovisuales; sabemos enviar un mensaje de una manera coherente. Por eso tenemos éxito creando este espacio para el casino auténtico –espacio que no pueden crear otros. Es una batalla de educación y persuasión. Si vamos a generar cambio, eso mayormente lo pueden hacer las personas que tengan la capacidad de proponer un mensaje y apoyarlo de diferentes maneras.
Ese turista que va a Cuba con la visión de abrir un negocio–lo que sea–ese turista está completamente empoderado. El cubano local está a merced de todas estas fuerzas y entra el factor de las necesidades. Es como cuando una persona está en una relación de dependencia.
Desde fuera del país podemos ayudar a cambiar las cosas. Para que cuando lleguen los turistas, digan: “Yo quiero aprender el casino auténtico que baila el cubano ordinario en Cuba”.
DL: Por eso es importante tener estas conversaciones. Hay que estar conscientes de las relaciones de poder desequilibradas que existen cuando un turista va a aprender casino en Cuba. El turista viene con sus ideas y tiene los dólares. Para el cubano, si quiere que el turista tome sus clases, no puede crearle una idea completamente separada de lo que los turistas vienen ya pensando que es “cubano”.
JM: Y eso es lo que vamos a cambiar.
DL: Exacto. Y a cambiar no lo que hace el cubano (porque el cubano está simplemente respondiendo a algo que ya está pasando), sino a cambiar la mentalidad del turista, para que vaya a Cuba sabiendo cómo se baila auténticamente el casino.
Ahora, mi pregunta es: ¿crees tú que la falta de coherencia en cómo se enseña el casino en Cuba a los turistas (no empíricamente; el casino se ha enseñado bien empíricamente entre cubanos por décadas) es una extensión de–digamos–un complejo de inferioridad que quizá no hayamos procesado como tal, pero que a través de nuestras experiencias en Cuba lo hemos interiorizado de ciertas formas?
Me explico. Al cubano no lo dejan entrar en algunos hoteles donde están los turistas, o le piden el carné de identidad antes de entrar al hotel–cuando al turista no; no puede ir a ciertas playas que son para los turistas; se les va la luz cuando los turistas nunca sufren apagones en sus hoteles. Es decir: Cuba no es para el disfrute de los cubanos. Entonces, ¿crees que lo que está pasando en Cuba, en términos de la gente que les está enseñando casino a los turistas, como una ramificación de esa idea de que: “Bueno, ¿para qué enseñarles el casino como yo lo bailo si esta gente nunca han venido a la Cuba que vivo yo–y de hecho el mismo sistema me ve como una cucaracha, porque no me deja disfrutar de mi propio país?”
JM: Estoy al mil por ciento de acuerdo con eso. Aparte de la relación desigual de poder que se establece entre turistas e instructores, ¿cómo puedes esperar que tengamos el empoderamiento de decirle a alguien que viene de visita a Cuba: “Mira, esta es nuestra cultura. Te invito a que la aprendas en la manera en que nosotros la vivimos” cuando somos un pueblo sin dignidad, aplastados? No tenemos autoestima. El cubano es una persona maltratada. Estamos tan acostumbrados a que se nos pisotee la dignidad, que es lo más normal. Esta cuestión de acomodarse a lo que quiera un extranjero ni se cuestiona, ni se procesa. Hay que luchar los dólares de la manera que sea.
Atención: también existe la ignorancia que viene con la empiria. Reitero: es difícil saber transmitir cultura. Uno se va por lo más fácil, por mirar lo que están haciendo los otros, replicar y amplificar estos paradigmas. No es fácil enseñar casino auténtico. Requiere descifrarlo. Una de las experiencias más frustrantes es intentar desglosar habilidades motoras aprendidas empíricamente. Es por eso que copiar lo que están haciendo otros instructores, al ser lo más fácil, conlleva a que se repliquen errores y formas de bailar que no son realmente cubanas. Algunos de nosotros ya hemos comenzado el trabajo de ofrecer una manera más cercana a lo cubano de bailar el Casino, lo que necesitamos es que nos amplifiquen.
DL: Yo diría que esa amplificación tiene que venir de nosotros mismos. Nosotros no tenemos que esperarla, porque no nos la van a dar. Pocos fenómenos de cambio social o cultural comienzan desde arriba. Todo cambio comienza con un grupo de personas que se reúne y dice: “Esto tiene que cambiar. Tenemos que unirnos como bloque y nosotros mismos dejar el ego”. Tenemos que compartir lo que hacemos. De decir en mi página: “Oye, sigan a Julio” y tú en tu página decir: “Oye, sigan a Dáybert”. Y así. Cuando la gente vea que hay todo un grupo de gente actuando con una misión coherente, será imposible invisibilizar eso.
JM: Y es verdad que hemos estado ganando terreno poniendo material en línea. Estamos mostrando al mundo lo que hacemos. Es muy importante que exista un contenido intelectual apoyando todas estas cosas. De ahí la gran importancia del trabajo que has hecho durante todos estos años porque Son y Casino es una referencia para todos aquellos que están interesados en la autenticidad, en el necesario revisionismo por el que tiene que pasar nuestra cultura porque han sido ya muchos años de relajo.
Y yo entiendo que a veces toma tiempo reorientarse. Yo estuve desorientado por mucho tiempo. Me tomó doce años volver a retomar mi casino. Cuando empecé a enseñar acá, aprendí de un cubano llamado Armando (de La Habana) que ya estaba dando clases. Y el tipo era tremendo casinero como bailador social, pero cuando enseñaba, aplicaba todo el sistema este que se ha replicado como un virus, el de Salsa Lovers, con esa pisadera para atrás, y hasta haciendo un Guapea totalmente frontal y no en posición abierta. Era muy diferente a cómo yo aprendí a bailar. Por haber crecido en Santiago de Cuba, yo suponía que ese estilo que impartía Armando era una forma regional de bailar casino, típica del occidente del país.
Tuve que hacer mi investigación para darme cuenta de hasta qué punto marcar atrás es cubano. Porque no todas las formas de marcar atrás son cubanas. Hay cosas que van más allá de lo que haría mi mamá, que sí marca para atrás porque ella es casinera de primera generación y está influenciada por el son.8 Si uno no se pone a observar, si no dedica el tiempo de estudiar los videos de cubanos ordinarios bailando en Cuba, te puedes pasar años sin darte cuenta de esto. Para mí, enseñando mis cursos más avanzados llegaba siempre un momento donde tenía que enseñarles a mis estudiantes a marcar adelante porque había figuras que no se pueden hacer si no caminas.
DL: Hablando de cosas que pasan fuera de Cuba, como cubano, yo personalmente estoy viendo que hay gente no cubana que no sabe nada de mi cultura, que no está en comunidad con nosotros y está impartiendo nuestros bailes. ¿Cómo te sientes tú al respecto de eso?
JM: Obviamente, a mí me molesta ver que alguien quiera vivir de mi cultura desconectado de ella como tal; desconectado de los cubanos que han estado ya trabajando en la promoción de dicha cultura y que han estado haciendo un buen trabajo. Veo con preocupación cómo hay gente que trata la cultura cubana con la mentalidad de la ley de la selva capitalista y así lo han articulado. La gente que consume cultura cubana disociada de ella y disociada de los cubanos que la representan ve a nuestra identidad como simplemente un entretenimiento. Para ellos, esto es “sólo un baile” y ellos “solo quieren bailar”. De esa manera simplista articulan su ignorancia sin pena alguna, y públicamente.
Mira, a finales de 2023, tuve un problema acá en Vancouver con unos estudiantes que formaron un grupito a través del cual se disociaron por completo del objetivo general de mi trabajo aquí como cubano, que es el de promover mi cultura y generar reconocimiento hacia mi cultura por la contribución vital que hace a la vida en Canadá. Ellos formaron un clique al que no les importó hacer un evento cubano el mismo día que otro cubano (con casi 20 años aquí promoviendo cultura cubana) realizaba el suyo, generando división y socavando los esfuerzos de este último por promover su cultura. Aquí puedes ver cómo ellos no se veían como parte de una comunidad en torno a la cultura cubana, sino simplemente como “un grupo de amigos”. Esta profunda desconexión, y visión de nuestra cultura como mero entretenimiento, ligada con indolencia hacia cómo impacta a los cubanos la desposesión de su cultura, justificándose en argumentos libertinos, es lo que tú identificaste más arriba, y que ocurre en el seno de las escuelas de baile.
En este sentido, me critico un poco a mí mismo por tal vez no haber hecho más por educar a mis estudiantes, pero hay que reconocer otro factor más perverso y depravado aún que afecta a la cultura cubana y su difusión fuera de Cuba, y es el hecho que algunas personas utilizan a la cultura cubana para alimentar impulsos narcisistas y ponerse en posición de poder y liderazgo de un grupo determinado. Esas relaciones aberradas las he visto florecer por todas partes, y para nosotros los cubanos es muy fácil identificarlas porque al menos tenemos la capacidad instintiva/intuitiva de saber cuando alguien se interesa genuinamente en nuestra cultura. Cuánta gente no se ha hecho coreógrafo de ruedas de casino, no por amor a Cuba, sino para hacerse guru de un grupo de personas. Eso lo he visto aquí en Vancouver. Y qué decirte de las escuelas que literalmente explotan cultura cubana sin formarte un sólo casinero. Aquí existe una escuela que ha practicado la explotación de la cultura cubana por años y años sin apenas contribuir un sólo casinero a nuestra comunidad.
Me consuela el hecho que todos estos individuos están destinados al fracaso y la esterilidad eventual debido a una realidad que se impone, la cual fue articulada magistralmente por un artista a quién solía admirar (ya no), que dijo: “Sólo el amor engendra la maravilla”.
Yo critiqué estas relaciones hacia mi cultura como parasitismo, y es lo que es. Lo curioso es que el líder de este grupito es parte de un grupo cultural donde hacen bailes tradicionales aztecas. Imagina que yo me ponga a aprender esos bailes y diga: “Ahora soy instructor de bailes tradicionales aztecas. Yo soy libre de hacer lo que me da la gana porque la constitución canadiense me da la libertad de hacer esto”. ¿Cómo sonaría eso ante los mexicanos?
Existen límites en la vida. Nuestra cultura ha creado un producto tan popular, tan alegre, tan fácil de abrazar, que mucha gente cree que esto puede ser de ellos así por así.
DL: Sí. Y dos cosas ahí. La primera es que para que Julio Montero sea instructor de bailes tradicionales aztecas tendrías que estar bastante en comunidad con los mexicanos para que ellos te acepten como alguien que pueda hacer eso. Y eso toma mucho, mucho tiempo. Y segundo: creo que lo que estás planteando es una ramificación de la falta de empoderamiento de la que hablamos. “¿Te quieres coger el casino para ti? Dale. Si al final, en Cuba nada es de nosotros”.
Quizás esto está pasando porque nos hemos acostumbrado a que la gente agarre y agarre y agarre; y nosotros no hemos plantado bandera por ninguna parte (porque plantar bandera podría significar perder negocio, por ejemplo, o convertirse en el malo de la película; caes mal, no eres “amigable”). Entonces, hemos acostumbrado a la gente a hacer lo que les dé la gana con nuestra cultura. Y si nos da la valentía de decir: “Yo soy cubano y esta es mi cultura y esto se respeta” te dicen…
JM: Te dicen que estás dividiendo.
DL: Exacto. Que eres divisivo.
JM: Pero no es la mayoría que te ve así, ¿sabes? La ínfima minoría es la que te acusa, la gritona, la vocal, la “triggered”. Te puedo confirmar por mi experiencia propia que la gran mayoría de las personas entiende perfectamente el tema del derecho de un cubano a ser dueño de su cultura y exigir una relación sana con ella. Ellos te dan la razón, pero no se meten en el drama. Quienes participan en el drama son los que tienen algo que perder cuando uno como cubano planta bandera. ¿Quiénes son ellos? La narcisista, el guru sectario, el dueño de una escuela de baile que explota la cultura cubana y necesita que esta no sea reclamada por su gente. Las personas que nos confrontan y antagonizan son las que tienen un interés obvio en utilizar nuestra cultura para beneficio personal. Si no, nos dejaran tranquilos y punto.
Otro factor que entra en juego aquí es el nivel de educación de la gente. En mi caso, cuando yo planté bandera, sí: algunos me acusaron de dividir. Hubo gente (muy, muy poca) que más nunca volvió a tomar clases contigo. Yo sabía que todo eso iba a ocurrir. Que mucha ignorancia hacia mi cultura afloraría. Pero me dije: yo tengo claro que esto está mal. Está muy mal que te formes en mi escuela, que te hagas de una pequeña comunidad de amigos y decidas empezar a hacerles competencia a los cubanos mismos, de cuya cultura te estás alimentando. Tú tienes que colaborar con la gente que produce la cultura de la cual has hecho un estilo de vida. Es un asunto de GRATITUD Y RESPETO.
En este negocio de la transmisión de cultura tiene que existir mucha ética. Es la naturaleza de este modelo de negocio. Estamos siendo afectados porque mucha gente que no es cubana realmente piensa que no requiere validación de los cubanos para transmitir la cultura de Cuba y monetizarla. Este es el terreno que debemos recuperar porque corremos el riesgo de que se siga diluyendo aún más la ya diluida cultura cubana. Se tienen que observar muchos parámetros éticos.
Lo que quiero que sepas es que plantar bandera, contrario a lo que piensan muchos cubanos que asocian hacer esto con pérdida de negocio o estudiantes: es realmente necesario y positivo. It’s good business! Siete meses después de lo que ocurrió, sigo con un montón de estudiantes. Insisto: un montón de estudiantes. Mi escuela sigue prosperando y la gente está feliz.
La otra cosa: el utilizar ciertos términos y expresiones disociados de nuestra cultura con una forma de bailar también disociada de esta es un problema. Quizá por eso se te ocurrió meses atrás comenzar a utilizar la expresión “salsa cubana” para abordar el hecho.
DL: Precisamente. Lo que estaba viendo estaba muy desligado del casino y se parecía más a la salsa lineal. Por eso comencé a decir “salsa cubana”, no como un sinónimo de “casino” (que era como se entendía antes), sino como algo diferente, con algunas similitudes estéticas, pero diferente.9
JM: Lo primero que le digo a mis estudiantes es que nuestra forma de bailar lo que se conoce como Cuban salsa –el casino– es el único estilo que realmente representa una cultura latina. Esa es la primera distinción que yo les hago. Los estilos de salsa de LA y NY, ninguno de esos representa una nación latinoamericana. Y es en base a esa distinción que yo establezco el respeto que debe existir hacia el casino como patrimonio de la humanidad y como identidad de una nación.
Por eso, quien lo enseñe, debe hacerlo apropiadamente.
DL: Correcto. Y si no quieren preocuparse por estos aspectos culturales, ¡que bailen (y enseñen) salsa en línea!
JM: Exactamente. Baila eso. Nadie se va a molestar. No vas a ofender a nadie de Nueva York, a nadie de Los Ángeles. Nadie va a saltar.
En principio, quisiera que hubiera veinte instructores de casino en toda la zona de Vancouver. Pudiéramos cambiar la escena y sería algo lindísimo. Ya estoy contribuyendo a eso. Acabo de redefinir mi escuela. Ahora no es “Julio Montero, Dance Instructor”, sino “Julio Montero, Dance Umbrella”. He decido empoderar a un grupo de estudiantes–muy dedicados y que han expresado interés en la enseñanza–compartiendo con ellos mi metodología y trayéndolos a mi sistema para expandir la enseñanza del casino por varias partes de la ciudad. En resumen: una persona que no sea cubana puede enseñar casino, pero tiene que estar informada en el tema y validada por los cubanos que sí poseen el conocimiento.
(Un breve aparte. Hay polémica sobre quién está capacitado para enseñar bailes tradicionales cubanos y específicamente el casino. Algunos graduados de escuelas de arte han querido monopolizar la enseñanza de este baile al que nunca le prestaron atención, y han querido utilizar el logo de “bailarín profesional” para desacreditar a quienes imparten casino, que a menudo somos no egresados de esas instituciones. Es importante acabar con ese paradigma. Lo irónico es que gente como tú y yo sí estamos calificados porque al menos estudiamos metodología de la enseñanza a nivel universitario, mientras que por su parte, los egresados de la ENA no se forman empapados en el estudio de la pedagogía. Tal vez esto sea tema para un artículo específico.)
Otra cosa, más allá de la ética para con nuestra cultura: nadie merece ser estafado. Si alguien viene a tomar una clase de casino (o vieron la palabra “salsa cubana”), es porque quieren acercarse a nuestra cultura. A esas personas, uno está en la obligación de ofrecerles algo que sea cubano. No se puede estar estafando a la gente, con la cara dura; especialmente cuando tomaste clases por un año, ni prestaste atención, hacías lo que te daba la gana porque lo único que querías hacer era bailar y luego decides hacerte “instructor”.
Una cosa que he notado muy a nuestro favor es que la crítica sustanciada funciona. Lo que pasa es que hay que criticar con argumentos, con información que genere sensibilización. Sí he notado que cuando quieres ser instructor de bailes cubanos y un cubano viene y te dice: “Lo que estás haciendo es una mierda”, es como un cubo de agua fría. Debemos partir de un punto de vista de apreciación hacia aquellos que se interesan en nuestra cultura y ayudarlos ya que por falta de guía, educación o lo que sea, no están haciendo bien las cosas.
Colaborar con nosotros es tan bueno. Si tú colaboras con los cubanos, puedes beneficiarte de tantas cosas, y más si quieres meterte en el mundo de la enseñanza. Por ejemplo, yo te puedo dar asesoramiento, puedes educarte bien en el tema de la enseñanza del casino, puedes disfrutar de todos los beneficios que disfrutan los miembros de mi “sombrilla”; que pueden decir que están amparados por mí y mi metodología, la cual ha demostrado poder crear buenos bailadores, etc, etc..
DL: Otra cosa que puede pasar–y yo voy a escribir sobre esto en su momento–es que la persona no ha pensado sobre su propia identidad y privilegio dentro de un espacio lo que hace es dejarnos a nosotros en la periferia.
Imagínate que un promotor venga con una agrupación cubana y que contacte a esa persona del grupito del que hablas para que acompañe a la agrupación bailando. Y que esa persona, que no representa la cultura ni que ha hecho el trabajo que tiene que hacer, en vez de decirle al promotor que te contacte a ti, el cubano que sí ha hecho el trabajo y que sí promueve la cultura cubana, se ponga él a representar nuestra cultura. Es súper problemático esto.
Bueno, hablando de darles protagonismo a los cubanos, hablemos de Cubason.
JM: Lo que me fascina de este evento es que, en Cubason, el casinero ha finalmente encontrado su espacio. Yo no sé cuántos otros festivales existan por ahí en los que el clima, el ambiente, se sientan propiamente de casineros. En el mundo de los bailes cubanos cada cual, según su interés ha ido encontrando y creando sus espacios. Hay eventos que para mí son bastante eclécticos. Hay otros que son más de farándula (la gente que está en el mundo de la fusión, los que quieren bailar como haciendo un performance). Hay festivales de rumba. Hay otros para la gente que está obsesionada con la rueda de casino.
Yo fui a la primera edición internacional de Cubason, allá en Playa del Carmen, y nunca me he sentido tan a gusto en un festival. Yo estaba allí con gente que hablaba mi idioma casinero–con acento, pero reconocía mi idioma. Yo estaba allí siendo yo: casinero.
Pienso que Cubason está creando un espacio para el cual hay demanda. Hay mucha gente que se siente fuera de lugar en estos otros festivales, especialmente en esos donde la gente va a bailar de una manera un poco narcisista, porque lo hacen como si fuera un performance. Y esto es antinatural al casino. El casino es un baile en el que, por su dinámica propia, te metes en tu mundo propio con tu pareja y no te importa qué está pasando alrededor. Si quieres impresionar a alguien, sería a tu propia pareja. Se trata de sentir el disfrute personal. Nunca estás pensando en un ojo externo que te está mirando. En estos otros eventos, no es el caso. Por eso estoy super contento que se haya creado un espacio para el bailador social. Ya el folclorista tiene su espacio; el rumbero tiene su espacio; el cabaretero tiene su espacio; el ruedero también.10 Ahora nosotros los casineros (y soneros) de pura cepa tenemos finalmente el nuestro.
DL: Lo que estás diciendo fue precisamente lo que dijo Nicole Goldin cuando la entrevisté: Cubason es un espacio para el bailador, no para el bailarín, o el fusionista, o para el que hace “rueda” pero no baila casino (ya esa es otra conversación); sino que es un espacio primordialmente para el bailador social, el cual hace mucha falta.
Y te digo otra cosa, ya que hablamos de empoderar al cubano anteriormente y tú mismo estás trabajando con un concepto similar con tu “Dance Umbrella”: una de las cosas que debemos hacer en Cubason es salir de ese evento con una pautas que digan: “¿Tú quieres enseñar bailes de nuestra cultura? ¿Quieres estar amparado y validado por nosotros? Perfecto. Pues hay que seguir estas pautas”. Si, como cubanos, queremos retomar las riendas de la narrativa sobre nuestra propia cultura, tenemos que hacer algo así.
Bueno, Julio, hemos hablado por dos horas y hay mucho más de qué hablar. Podemos seguir hablando. Estas conversaciones las vamos a continuar en los paneles de Cubason. Va a haber un panel para nosotros los cubanos, donde podamos hablar sobre lo que nosotros vemos que está pasando con el casino fuera de Cuba.
JM: Yo quiero dejar esta conversación compartiendo algo optimista. En la Universidad de British Columbia (en Vancouver), hay un club de rueda de casino que lleva más de quince años operando. Se llama “UBC Salsa Rueda Club”. El otro día, hablé con el nuevo presidente del club y el muchacho me dijo: “Julio, hemos estado pensando en cambiarle el nombre al club para que refleje la cultura cubana”. Y me quedé sorprendido. El muchacho ha estado haciéndome preguntas acerca de la historia del casino (lo mandé a tu blog), acerca de la historia de la timba (lo mandé a timba.com). Que este interés haya venido de ellos mismos, me emocionó. De igual manera, ver el interés que ha mostrado en implementar una manera de bailar más cercana a la realidad de los cubanos me impactó muy positivamente porque la idea provino de él.
Quería compartirte esto porque es lo que te vengo diciendo: la mayoría de la gente que se interesa por nuestra cultura, en el fondo de su corazón quiere ser auténtica. Ellos quieren ser fieles a nuestra cultura, y nos corresponde ayudarlos para el beneficio de todos.
Notas:
- Para más sobre esto, haz clic aquí. ↩︎
- Si quieres saber más sobre esto que hablo, haz clic aquí. ↩︎
- En Cuba se conoce como “beca” a las escuelas donde los estudiantes cursan del 10 al 12 grado. Se les conoce así porque típicamente los estudiantes se albergaban (o “se becaban”) en estas escuelas que se encontraban en las periferias de las ciudades. Otros nombres por la que se conoce a “la beca” son: “el pre” (o preuniversitario) y “la vocacional”). Para más información, haz clic aquí. ↩︎
- Para una interesantísima historia de escándalo y estafa que concierne a Milli Vanilli, haz clic aquí. ↩︎
- La palabra “tumbao” se usa en Cuba, entre otras cosas, para resaltar una cierta forma de moverse, de caminar, de bailar. Esta palabra fue popularizada internacionalmente por Celia Cruz en su canción “La negra tiene tumbao“, que trata sobre cómo camina una mujer negra. ↩︎
- Las “secundaria” en Cuba se refiere a las instituciones escolares donde se cursa del 7mo al 9no grado. ↩︎
- Para los cubanos del exilio, Ernesto, “Che”, Guevara es una figura muy polémica. En Cuba, “el guerrillero heróico” (como se le conoce) argentino es idolatrado. Fuera de Cuba, las historias de su ejecuciones sumarias son más conocidas. Para más sobre este tópico, haz clic aquí. ↩︎
- Haz clic aquí para entender mejor lo que está planteando Julio sobre los matices del marcaje hacia atrás. ↩︎
- Para más sobre el asunto de la salsa cubana vs el casino, haz clic aquí. ↩︎
- Aquí es necesario aclarar que cuando se dice “ruedero”, se está refiriendo a la gente que solo baila “rueda” y que, en algunos casos por la omisión de la palabra “casino”, ve la rueda como algo diferente al casino. Recordemos que el nombre completo es rueda de casino. ↩︎
SOBRE JULIO MONTERO
Julio Montero, un instructor de baile nacido en Cuba y ahora radicado en Vancouver, comparte la vibrante energía del baile Casino cubano. Criado en la histórica ciudad de Santiago de Cuba, Julio lleva consigo las ricas tradiciones musicales y de baile de su tierra natal. Su profunda conexión con la cultura afro-latino-caribeña se refleja en su enseñanza, que va más allá de los pasos de baile para transmitir valores culturales positivos. La metodología de Julio, moldeada a través de años de estudio y experiencia, crea una experiencia de aprendizaje inmersiva y alegre. Julio es un dedicado embajador del baile cubano.

