Esta publicación es profundamente personal y, como tal, será extensa; de igual manera, será profundamente vulnerable. Surgió porque recientemente noté que mis publicaciones, que no tienen otro propósito que educar sobre el baile de casino a un público que, en general, no es cubano, están siendo utilizadas como una herramienta para acosar a personas en línea. No voy a mencionar ningún nombre aquí. Si sabes de quién(es) hablo, lo sabes. Y si no lo sabes, bueno, no tienes por qué conocer a estas personas.

Una de las prerrogativas de publicar algo en línea es que nunca se sabe cómo la gente (mal) interpretará o (mal) usará lo que se publica, independientemente de la intención. La misma cita de la Biblia se puede usar tanto para condenar como para encomiar, dependiendo de quién esté haciendo la interpretación. Lo que quiero decir es que si has sido blanco de ataques en línea y una publicación de “Son y casino” ha sido utilizada, de alguna manera nefasta, para validar dicho ataque, lo siento profundamente. 

Las riñas en línea no son nuevas en el mundo del casino (no es que eso deba hacerte sentir mejor). De hecho, no son nada nuevo en el mundo del baile social. Las escuelas de baile de todos los estilos se pelean a diestra y siniestra en línea. Por otro lado, la gente se pelea por si los bailes que se están popularizando fuera de sus países de origen son auténticos o no. El mundo de los bailes sociales no es un lugar tranquilo y pacífico. No si lo estás mirando de cerca.

Pero hay algunas personas que están llevando esto al extremo. Considero que estas personas se han radicalizado a cualquiera que sea su posición.

Lo sé porque, alguna vez, yo fui uno de ellos.

Escribo esta publicación no para excusar el comportamiento de nadie en línea, sino para ayudar a las personas a comprender cómo algunos pueden llegar a adoptar puntos de vista y comportamientos extremos sobre algo tan inocuo como un baile. Mi caso y mis circunstancias son únicos para mí, por supuesto. Dicho esto, puedo decirles que opiniones y comportamientos tan radicales sobre un baile son casi siempre un síntoma de problemas profundamente arraigados, a menudo dejados sin resolver, que no tienen nada que ver con el baile en cuestión, pero que a través de este medio han encontrado una manera de canalizarse desde dentro y salir al exterior, ya sea en línea o en persona.

Para aquellos que actualmente están siguiendo a estas personas, o participando en este tipo de comportamiento en línea y/o en persona, tómenlo como una advertencia.

Esta es la historia de cómo llegué a odiar el casino– sí, leyeron bien–y cómo estoy empezando a amarlo nuevamente.

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Puede que mucha gente no sepa esto, pero en realidad yo no aprendí a bailar casino en Cuba. No me malinterpretes, ¡lo intenté! Pero cuando le pedí a mi mamá que me enseñara algunos pasos, todo lo que hizo fue darme una escoba, seguida de una demostración rápida del paso básico y una orden severa: “¡Practica!” La promesa de mi prima mayor de enseñarme siempre se desvanecía en la nada porque ella estaba “demasiado cansada” cada vez que yo pasaba por su casa (QEPD prima, te amo). 

Cuba, entonces, no fue donde yo empecé. Eso no quiere decir que no crecí alrededor del casino. Era parte de todas las fiestas a las que asistía. Uno de mis discos favoritos de mi juventud fue Soy cubano, soy popular de la Charanga Habanera . La competencia televisada de baile de casino, Para bailar casino, salió cuando aún vivía en la isla.

Pero la verdad es que no aprendí a bailar casino en Cuba. Nunca lo he negado, y muy pocos me han preguntado. Pero ahora ya lo sabes, y esto será importante para la siguiente parte.

Mi trayectoria con el casino comenzó en mi segundo año de universidad en Florida State University, después de haber pasado un año entero solo y tratando de encajar en la universidad, una institución a la que ninguno de mis padres había asistido. Fue en ese año cuando encontré un grupo estudiantil de “salsa cubana” llamado ¡Azúcar! Dance Company. Este grupo estuvo fuertemente influenciado por el currículo de Salsa Lovers, un tema que he cubierto extensamente aquí . Además, muchos de sus integrantes bailaban salsa en línea, por lo que muchas de las cosas que se hacían en este grupo eran un híbrido entre lo que llamaban “salsa estilo casino” y salsa en línea. Para ilustrar, aquí hay una actuación de este grupo. Si bien no formé parte de esta actuación entonces, realicé exactamente la misma coreografía en otro evento en Jacksonville (del cual no puedo encontrar el video).

Hice muchos amigos en este grupo y, por primera vez en mucho tiempo, sentí que pertenecía a algún lugar. Todavía recuerdo con cariño las noches interminables bailando en la casa de alguien, las risas a raíz de chistes tontos y, en general, ser un estudiante universitario y disfrutar esa experiencia.

Pero mi encanto inicial con la novedad de finalmente aprender casino pasó, y comencé a notar algunas cosas preocupantes en el camino.

Por ejemplo, los jueves, iba a bailar a un lugar que tenía un evento llamado “Noches habaneras”, donde nunca ponían música de músicos cubanos.

Fui dos veces al Congreso de Salsa de Orlando, donde nuevamente, no tocaron música de músicos cubanos. Tampoco tenían ningún tipo de taller de bailes cubanos.

Cuando iba a los eventos sociales patrocinados por el grupo estudiantil salsa en línea, nunca se tocaba música de músicos cubanos.

Aquí está la cosa: en Cuba, escuchamos cualquier cosa. Claro, uno de los discos más influyentes de mi infancia fue el ya mencionado Soy cubano, soy popular . Pero también escuché a Gilberto Santa Rosa y Marc Anthony. En el grupo al que yo pertenecía también escuchábamos y bailábamos con música de músicos de todas partes.

Pero una vez que salía de este grupo, era como si Cuba y su música hubieran sido canceladas (los eventos de “Noches habaneras” donde no se tocaba música cubana me desconcertaron particularmente).

En cuento al baile como tal, también comencé a notar (nuevamente, una vez que la novedad de lo que había estado aprendiendo comenzó a menguar) que lo que estaba bailando no reflejaba necesariamente la forma en que recordaba que se bailaba el casino en Cuba. Las cosas que estaba aprendiendo se sentían diferentes, se veían diferentes. Y claro que lo era, ya que lo que aprendí en ese grupo no fue del todo casino, sino una “salsa estructurada a través de la rueda de casino”, como he explicado extensamente aquí

También comencé a notar que la salsa que la gente bailaba aquí era algo completamente diferente de lo que yo pensaba que era. Espacialmente, el paradigma lineal me llenaba de confusión. Estaba acostumbrado a ver a la gente bailar casino por toda la sala. Y sí, pensé que lo que estaba bailando era salsa, y aquí explico por qué pensaba tal cosa . Sin embargo, pronto vi que había una diferencia entre lo que yo llamaba intercambiablemente “salsa” o “casino”, y lo que los demás entendían por “salsa”.

Más allá de eso, en mi grupo la mayoría de la gente quería aprender salsa en línea y, a menudo, mezclaba los dos bailes. En nuestras presentaciones, con frecuencia tomábamos conceptos de los linieros y los añadíamos a nuestras ruedas (como se puede ver en el video enlazado arriba). Los miembros del grupo de salsa en línea, por otro lado, nunca se dignaron a venir a nuestras clases, ni agregaban nada relacionado con el casino a sus actuaciones. Y, sin embargo, mi grupo hacía todo lo posible para asistir a todos los eventos sociales de salsa en el área. Ya mencioné que los congresos a los que íbamos no ofrecían clases de bailes cubanos, por lo que mis compañeros y yo terminábamos tomando clases de salsa en línea, que no tenía nada que ver con lo que bailábamos en nuestro grupo. Los instructores de renombre que impartían estos talleres añadían seriedad a todo el asunto, así que cuando mis compañeros de grupo regresaban a la ciudad, todavía en las nubes tras la experiencia del congreso, todo lo que querían era hacer eso

Mientras tanto, el casino era lo “divertido” que hacías en un círculo. Era más que nada para pasarla bien y relajarse un poco. ¿Las cosas serias, las cosas técnicas? Deje eso se encargaba la salsa en línea.

Como cubano, todo este ostracismo y falta de reconocimiento de mi cultura, incluso dentro del grupo que profesaba enseñar al “estilo cubano”, comenzó a afectarme. 

De manera que el resentimiento comenzó a asentarse dentro de mí y hervir a fuego lento.

Fue por esta época, hacia el final de mi último año en la universidad, cuando estaba buscando videos de bailes de casino de Cuba, que el algoritmo de YouTube me mostró un video de alguien bailando casino y vendiendo algún tipo de método, todo lo cual era parte de un movimiento para difundir el baile de casino en todo el mundo. 

Al principio me sentí escéptico. El sombrero y el código de vestimenta de la década de 1950 me resultaban extraños. Pero al menos esto se parecía al casino que recordaba de Cuba y había algún tipo de método que me ayudaría a aprenderlo. El curso estaba en su infancia, tenía tal vez dos lecciones en ese momento. Después de un poco de dime que te diré con el profesor en YouTube, a quien le señalé lo que pensaba de la estética antes mencionada, decidí morder el anzuelo y compré el acceso a las lecciones que estaban disponibles. 

Lo que pasó después me cambió para siempre.

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Para mí, poco tuvo que ver el hecho de si el curso era bueno o malo. Era más el hecho de que el instructor claramente sabía lo que estaba haciendo, tenía la seriedad de los instructores de los congresos de salsa en línea, y que no se disculpaba por lo que enseñaba. Por primera vez alguien llamaba al casino por su nombre, diferenciándolo claramente como un baile diferente a la salsa en línea y dándome las herramientas para hacerlo; y hablando abiertamente de las cosas que le estaban pasando a la cultura cubana en el exterior.

No fue difícil encontrar todo esto atractivo.

Sin embargo, todo esto venía con algo más: esta persona estaba enojada. Él había llegado a Estados Unidos hacía poco y concluido lo mismo que yo: aquí no había espacio para la música o bailes cubanos. Y si lo hubo, era muy de nicho y no muy respetado. El hecho de que vivía en Miami, donde no se escuchaba música bailable cubana en la radio en ese momento, y donde el DJ te miraba mal si pedías una canción cubana en Bongos Cuban Café (anécdota de mi esposa)–todo esto, a pesar de que la ciudad tiene la mayor concentración de cubanos fuera de la isla, bueno, esto solo le echó leña al fuego. En resumen, no pudo vender su producto cubano en el hogar de la diáspora cubana.

Y así, resentido y frustrado, arremetió públicamente contra el mundo. 

Al hacerlo, esta persona avivó mi resentimiento, mi sensación de falta de pertenencia y de sentirme aislado de la comunidad de baile, mi infelicidad derivada de mis problemas familiares disfuncionales y no resueltos, el hecho de haber sido desarraigado de mi hogar (vine a los EE.UU. cuando tenía 14 años), mi falta de propósito en la vida. 

Agrégale a esto que era muy joven (alrededor de 21 años) y que mi cerebro no estaba completamente desarrollado, y ahí tiene un caso de radicalización, tal como aparecen en. los libros de texto.

No, no estoy bromeando. Me radicalicé. Lo sé ahora en retrospectiva. 

Este maestro era una persona que dejó de hablar con su hermano por el casino, que se divorció de su esposa en Japón por el casino (sus palabras, no las mías). Quién ha amenazado con dañar físicamente a las personas por desacuerdos sobre el casino y una larga lista de etcéteras en las que no quiero entrar porque creo que ua entiendes el punto. Su opinión sobre cómo se debía bailar el casino era tan extrema que estaba dispuesto a perder a las personas más cercanas a él.

Y aquí estaba yo, de 21 años, captándolo todo.

Muy pronto, como cualquier persona radicalizada, comencé a emular este comportamiento. Me dio una manera de canalizar mis resentimientos étnicos y personales. Me dio un propósito, algo “justo” por lo que luchar, como era la exclusión de la cultura cubana de los espacios a los que por derecho debería pertenecer. Me dio una manera de evitar mis problemas reales. Así que comencé a aprender su método, volviendo a aprender lo que me habían enseñado y poco a poco, acercándome a la forma en que recordaba el baile de casino en la isla. Por eso estoy objetivamente agradecido. Mientras tanto, participaba en debates en línea con la gente sobre el baile y, a veces, pasaba por videos de YouTube de casino mal bailado y dejaba caer mi sentencia. En fin, no tenía nada mejor que hacer con mi tiempo que estar en línea, y ese es el ejemplo que estaba siguiendo. Enjuaga. Repite.

Los cambios no ocurrieron de la noche a la mañana, pero poco a poco comencé a perder los amigos que había hecho bailando debido a–¡sorpresa!–las diferencias con respecto al baile del casino. (Si alguno de ustedes está leyendo esto, asumo toda la responsabilidad; eso fue totalmente mi culpa.) Comencé a enojarme más con las cosas que antes simplemente me molestaban, y perdía los estribos más rápido con las personas que no querían ver las cosas a mi manera. y, por supuesto, mi comportamiento en línea se convirtió en algo que hasta el día de hoy me avergüenza cada vez que esos recuerdos de Facebook vuelven a aparecer. Todo fue una extensión del comportamiento de este maestro, quien en ese momento era conocido por atacar en línea a cualquiera que comercializara su baile como “salsa cubana”, un comportamiento que condoné porque, en mi opinión, buscaba corregir las prácticas de mercadeo que atendían a un público no cubano, como instructores que mezclan salsa en línea con casino; la exotización del baile agregando movimientos afrocubanos cuando, musicalmente hablando, ninguno era necesario; y, en general, cómo. se buscaba ganar dinero en un mercado que se preocupa más por la gratificación personal que por la autenticidad cultural (esta publicación tiene una discusión más profunda de este tema ). Hay que criticar estas cosas porque son ciertas, y muchas veces lo he hecho en este blog.

La ruptura del ciclo para mí ocurrió en 2013 cuando el maestro comenzó a atacar a los organizadores del evento del festival SalsaRueda en San Francisco. Era la letanía habitual sobre personas que son “traidores culturales” y “vendedores sin escrúpulos” de la cultura cubana, pero esta vez… esta vez los ataques se salieron de control. Se lanzaron insultos raciales a diestra y siniestra y vulgaridades que ni hay que repetir. Todo esto por el simple hecho de que se usaba la palabra “salsa” en el nombre del evento–un problema que, por cierto, este maestro nunca tuvo cuando colaboró con la escuela de bailes en Miami llamada Salsa Kings. Al leer todo esto, algo se desató dentro de mí y me dije a mí mismo: “Basta”.

Supongo que, en cierto modo, debería haberlo visto venir. Todas las señales estaban allí, pero yo estaba demasiado atrapado en la pelea por la justicia para el casino. Más tarde, a medida que más personas también se distanciaron de este maestro, me pregunté por qué se quedaron con él entonces (incluso después de que cambió su foto de perfil en FB por la de Hitler), y qué fue lo que finalmente los hizo salirse del movimiento. Pero divago.

Lo cierto es que ya no quería estar enojado. Ya no quería estar en este ciclo de toxicidad por un maldito baile. No quería perder más amigos. Ya había perdido a mi novia por esto (Lina, si alguna vez lees esto, debes saber que mereciste algo mejor de mi parte). Además, el movimiento había comenzado a sentirse como un culto, con este maestro siendo la incuestionable máxima autoridad, las constantes demandas de obediencia a la causa, la aparente imposición de un código de vestimenta y muchas otras cosas que si haces una búsqueda en Google de “signos de un culto”, es probable que encuentre muchos puntos de similitud.

Así que escribí una larga respuesta denunciando el comportamiento de este maestro y, al hacerlo, salí de su movimiento de “conservadores culturales”. Mi copa se había llenado y desbordado.

Y hasta ahí debía de haber llegado todo.

“Tú pa’ allá y yo pa’ acá” como dice la canción de Manolito y su trabuco.

Y por supuesto que esto no fue lo que pasó.

Pronto, sus fanáticos–no puedo pensar en una descripción más adecuada, ya que yo también lo fui en algún momento–que a menudo no tenían ni idea de quién era yo, vinieron por mí a instancias de este maestro. Él escribía sobre mí en su muro, y la gente, nuevamente, que no me conocía, se lo creía todo. Pronto mis videos fueron bombardeados con comentarios negativos y mi bandeja de entrada también. Me acosaron y se burlaron de mí, me insultaron; se fabricaron mentiras, se moldearon verdades para que encajaran en una nueva narrativa. En algún momento, dicho maestro me prometió una visita al dentista por todos los dientes que me haría perder si alguna vez me volvía a ver en persona. Era un traidor a la causa, la peor ofensa posible. Y me lo merecía todo.

Ah, y esto: yo tenía 23 años.

Menciono mi edad como una forma de proporcionar una cronología de los hechos y porque, bueno, todavía era joven. No sabía cómo lidiar con toda esta atención negativa que de repente me llegó. Y debido a que a lo largo de estos dos años y algo me había paulatinamente aislado de mis amigos gracias a mi justa lucha por preservar el casino, no tenía un grupo de personas en las que buscar refugio (somos seres sociales, después de todo). Tampoco podía distraerme con un hobby porque, bueno, el casino era mi hobby. Y por no hablar del personaje fanático que había creado en línea, el cual también había alejado a un buen número de personas.

Toda esta atención en línea no deseada tuvo efectos muy graves en mi psique de los que no me percaté en ese momento. Luego, con la terapia (sí, fui a terapia por esto, así de malo fue todo), tendría la oportunidad de reconocer lo que me había pasado. Lo que estás leyendo ahora es la destilación del trabajo que hice durante medio año con un maravilloso terapeuta residente en la universidad que escuchó mi historia durante una sesión y me hizo ver que esto era más que “cosas de un baile”, y que necesitábamos indagar más para llegar al fondo de lo que me había llevado por este camino.

Con esto, no busco tu piedad ni absolverme de mi comportamiento en ese momento bajo el pretexto de que “yo era solo un joven inmaduro”. Simplemente busco arrojar algo de luz sobre los factores que pueden contribuir a que alguien que está luchando internamente busque refugio en cosas que, a simple vista, pueden parecer justas, pero que, tras una inspección más cercana, son definitivamente radicales.

Y no, decir casino (porque así se llama en realidad el baile) en lugar de “salsa cubana” no es radical.

El casino se baila en Cuba predominantemente marcando hacia adelante en el 1 y el 5. Señalar esto no es radical.

Querer que la música y el baile cubanos sean aceptados en eventos de bailes latinos que se han beneficiado del trabajo de los músicos cubanos, y donde por derecho deben pertenecer, no es radical.

Hablar de las fuerzas del mercado global que buscan subvertir la cultura en todo momento (el casino es un ejemplo de muchos, otros incluyen la bachata, el tango y la kizomba) no es radical.

Querer educar a la gente sobre la cultura cubana no es radical.

Lo que es radical es cómo vas tratando estos temas–y sí: deben ser tratados.

Lo que es radical es insultar a las personas porque no están de acuerdo contigo por un baile.

Lo radical es ser racista por un baile.

Lo radical es perder a las personas más cercanas a ti, nuevamente, por un baile.

Lo radical es amenazar con dañar físicamente a las personas, una vez más, durante un baile.

Lo que es radical… es entretenerse con todo esto mientras lo ves desarrollarse ante tus ojos. 

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Este blog comenzó en 2014, un tiempo después de mi ruptura con este movimiento tóxico, porque, aunque terminé con el maestro y el movimiento, los problemas que me habían molestado incluso antes de encontrarme con esta persona aún persistían. Hasta el día de hoy persisten.

Pero tenía que tener un enfoque diferente y, por supuesto, mi propia visión de las cosas porque había tenido una experiencia diferente. Quería que la gente escuchara.

Es por eso que el primer artículo que escribí fue sobre cómo el mundo salsero no toca música de músicos cubanos, y cómo el mundo de bailes cubana responde de la misma manera al no tocar música de músicos no cubanos. Y así continúa el círculo vicioso. El segundo artículo iba por un camino similar: todos deberíamos ver la música que bailamos bajo el paraguas del son. Al hacerlo, podríamos bailar casino con cualquier son, de cualquier país. 

Mis primeras publicaciones en el blog tenían incrustado un mensaje de unidad, si querías verlo. Al mismo tiempo, no dejaba de ser crítico. Mis publicaciones posteriores continuarían intentando educar a un público que sabía muy poco sobre los bailes (al menos ese era mi público objetivo).

Por supuesto, mi escritura ha madurado con los años. Las publicaciones más viejas todavía tienen un poco de esa ira en ellas. Dejarla ir cuando me había consumido tan completamente no sucedió de la noche a la mañana. Pero si lees detenidamente, puedes ver el intento de tratar de transmitir mi punto de vista, de seguir defendiendo la cultura cubana en medio de las fuerzas del mercado que buscan distorsionarla (y sí, eso a veces significa incluir uno o dos videos que son claramente engañosos) a un público que no conoce bien las cosas, sin ser tan vil.

Claro, incluso hasta la fecha con mis publicaciones posteriores, la gente puede reaccionar negativamente a lo que escribo sin importar cuán diplomáticamente exprese las cosas, y eso está bien. El objetivo del blog es ser contrario en un mundo donde las personas consumen cultura sin preocuparse demasiado por ella. Invitar a las personas a reflexionar sobre lo que consumen, nuevamente, a menudo sin pensarlo mucho. A veces, eso crea incomodidad y, en lugar de enfrentarla, la gente arremete. 

Pero eso es algo que esas personas tienen que resolver por sí mismas. Yo ya fui a terapia.

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A pesar del trabajo en el blog que actualizaba intermitentemente todo este tiempo, durante años odié bailar casino. Después de. lo que pasó, dejó de traerme la alegría desenfrenada que alguna vez sentí. Cada vez que intentaba bailarlo, recordaba todo lo que había sucedido. Todo el odio. Y me asaltaba un repentino recuerdo de las peores partes de mí mismo. En público, podría haber sonreído aquí y allá y haber dado la impresión de que me estaba divirtiendo, pero por dentro estaba luchando constantemente. Dejé de hablar con ciertas personas con las que había estado cerca durante mi tiempo en el movimiento porque interactuar con ellos me recordaba lo que había sucedido. Evité hablar de esta persona y de este tema como si fuera una plaga, y cuando alguien lo sacaba a colación, a menudo no respondía amablemente. Todavía sucede a veces.

Creo que hay un nombre para eso: TEPT.

Mientras tanto, trabajé en mí mismo, trabajé en base a mis problemas de ira derivados de un trauma personal no resuelto que no tenía nada que ver con el casino o todo lo que sucedió después. Encontré otras aficiones. Me metí en los juegos de mesa, aprendí a tocar el piano. En 2022 comencé a producir mi propia música . He entrado y salido del radar público, y los que siguen la página de Facebook del blog pueden dar fe de ello. Muchas veces he dicho que estoy agotado, solo para luego reaparecer a través de una publicación de blog, un meme o un video. Lo que ves no es alguien que no sabe lo que quiere. Es alguien que está tratando de llegar a un acuerdo con algo que ama y al mismo tiempo le causa dolor.

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Años después, he vuelto a disfrutar bailar casino. Como con cualquier otro proceso, no sucedió de la noche a la mañana. Pero lo que realmente ha ayudado es la comunidad. Cada vez que me invitan a un evento, cada vez que veo una de mis publicaciones compartidas, cada vez que la gente aprecia lo que tengo que decir, cada una de esas veces, mi trauma es menos. Estas cosas me indican que a pesar de mi comportamiento y de las cosas que hice durante mi período de radicalización, hoy por hoy tengo algo positivo que ofrecer a los demás. Soy más que mis acciones pasadas. Esto me ha ayudado a perdonarme a mí mismo y crecer como persona. Y poder perdonarse es importante; porque la otra opción sería odiarte a ti mismo y revivir constantemente las malas acciones del pasado, incapaz de ir más allá de tus peores momentos

El fin de semana pasado tuve el privilegio de ser parte de RuedX en Virginia, una increíble iniciativa que busca unir a la gente para compartir conocimientos sobre el casino sin tener que pagar los costos a veces exorbitantes de un congreso. En la barbacoa de despedida del último día del evento, tuve la oportunidad de hablar con algunas personas que no había visto en años y, al hacerlo, me hablaron del impacto que yo había tenido en su baile.

Cosas como esta me inyectan pasión y me recuerdan por qué nunca he dejado de hacer esto.

Esta comunidad está llena de gente increíble. Si, como en mi caso, alguna vez te atacan en línea por tu forma de bailar o ver el casino, no olvides que eres parte de una comunidad llena de amor y aceptación. Apóyate en la comunidad. Apóyate en la gente, en las amistades que has cultivado. 

No pierdas de vista lo importante.

Bloquea y sigue adelante.

De lo contrario, eventualmente odiarás este baile.

Porque señoras y señores: ¡el casino es solo un baile!. Al final del día. Es. Solo. Un. Baile. Hay cosas más importantes en la vida (y lo digo con todo el peso de un blog de 10 años sobre casinos a mis espaldas).

Finalmente, admitiré que tuve problemas para escribir esta publicación. No escribirla como tal, ya que en realidad fue muy catártico y ahora me doy cuenta de cuánto necesitaba hacer esto. Más bien es por el simple hecho que sé que llegará a ciertas personas, a cierto maestro (y a su versión 2.0 europea), y los ataques comenzarán de nuevo. Un nuevo lote de fanáticos vendrá por mí. Tal vez me equivoque. Espero que sí.

Pero si sucede, esta vez, ya tengo más años en las costillas, soy más sabio.

Sé que no debo mirar las capturas de pantalla que la gente me envía (por muy bien intencionadas que sean) sobre lo que otros dicen sobre mí.

Sé cómo bloquear personas y eliminar comentarios.

Sé que no debo dejarme llevar a participar en debates en línea.

Y lo más importante: sé cómo cuidar mi propia salud mental.

Manténganse saludables, mis queridos lectores.

Y nunca, nunca, dejen de amar bailar casino.