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  1. Toma un taller que esté a tu nivel

Hacer esto es un error que comete la mayoría de los principiantes así como algunos que ya no lo son tanto: tomar los talleres más avanzado que se ofrecen. No importa lo bien que suene la descripción del taller, termina siendo contraproducente. Piénsalo de esta manera: si te has pasado un mes entrenando para correr cinco kilómetros, ¿te apuntarías para un maratón, que es más del triple de la distancia? Claro que no.

Toma un taller de algo que esté al alcance de tus destrezas. De otra manera, saldrás del taller irritado porque no pudiste agarrar bien la figura que se enseñó, o confundido, porque pareció ser demasiado para ti. Idealmente, deberías tomar un taller a tu nivel pero que te empuje un poco más allá de ese nivel. Por ejemplo, un taller que combine cosas que ya sepas en maneras que no habías pensado hacer.

 

  1. Toma una taller de alguien que esté ahí para enseñar, no para hacer un show

No todos los deportistas pueden ser entrenadores. Algunas personas son muy buenos bailadores que hacen talleres precisamente por el hecho de ser buenos bailadores. Enseñar es un arte y toma tiempo pulirlo y mejorarlo, no importa lo bueno que seas bailando. Y lo cierto es que algunos de estos bailadores que son tan, pero tan buenos, no saben cómo enseñar bien lo que saben. Lo que  saben hacer es sorprender y entretenerte con sus destrezas danzarias. Al hacer esto, sin embargo, nunca bajarán a tu nivel. Estos instructores no están ahí tanto para enseñarte lo que puedes hacer con lo que sabes, sino más bien para mostrarte lo que podrías hacer si llegaras en un futuro a ser tan bueno como ellos. (Ojo: si estás por voluntad propia tomando un taller que está claramente más allá de tu nivel, no puedes esperar que el instructor baje a tu nivel). También mantengan los ojos abiertos con aquellos que lo que están haciendo es intentar enseñarte una coreografía; es decir, algo que no puede ser replicado en el salón de baile social.

 

  1. Si tienes una pregunta, hazla

Esta es una de las cosas que no veo mucho en los talleres: la gente haciendo preguntas. Entiendo el porqué del que no quieras parecer como “el rezagado” al hacer un pregunta cuya respuesta puede parecer obvia para los demás. Lo que es probable, sin embargo, es que esa misma pregunta la tengan otras personas también. Las preguntas crean oportunidades para aprender no solo para el estudiante, sino para el instructor también. Los instructores no puedes pensar en todo. En lo personal, ha habido situaciones en las que me han hecho una pregunta que me ha hecho considerar con cuidado mi respuesta porque no había pensado en ella anteriormente. Y así, la próxima vez que enseñé el mismo taller, incorporé la respuesta a esa pregunta a lo que estaba enseñando.  Repito: los instructores también se benefician de las preguntas. Hazlas si las tienes.

 

  1. Aprende lo que hacen tus pies primero

Es fácil, con una nueva figura, prestar más atención a lo que está ocurriendo con los brazos. Pero lo cierto es que lo que ocurre con tus pies es más importante en un principio. La mayoría de las figuras que aprendes son combinaciones de enchuflas y vacilas. Lo que las hace diferentes en muchos de los casos es la coordinación de los brazos. Tomemos el ejemplo de la figura “Montaña”. “Montaña” es la misma figura que “Dedo”, pero hecha con dos brazos en vez de uno.

Ejemplo de “Montaña”:

Ejemplo de “Dedo”:

Cuando intentes aprender una figura nueva ya sabiendo cómo es que tus pies se deben mover (y lo sabrás porque, de nuevo, lo que haces con los pies proviene de figuras básicas que ya conoces), tendrás una cosa menos en la que concentrarte.

 

       5. No aprendas la figura como si fuese un amasijo

Cuando las personas aprenden una figura en un taller o clase de casino, muchas, especialmente los principiantes, la guardarán en su memoria como una especie de amasijo–una mezcla de cosas que devienen “la figura que aprendí”. En vez de hacer esto, lo que se debería hacer es disecar la figura para darse cuenta de cuáles figuras básicas componen la combinación que se enseñó en el taller. El que haga esto, especialmente si le presta atención a los pies, pronto se dará cuenta que lo que acaban de aprender es una figura hecha de una amalgama de figuras básicas que ya conocen y que, en este caso, las han agrupado de una manera novedosa.

De esta manera, te resultará más fácil recordar lo aprendido y después replicarlo. Por ejemplo, es más fácil recordar–y replicar–“Dedo” si te das cuenta que esta figura no es más que un Vacila, seguido por un Enchufa con un giro del guía, seguido por otro Enchufa y terminado con un Dile que no. Si en tu mente lo que tienes es una combinación de cosas que nunca has hecho–porque solo estás pensando en “Dedo” en vez de las figuras básicas que lo conforman–olvidarás bien rápido lo que aprendiste en el taller.

 

  1. Asegúrate de que las parejas se cambien con frecuencia

Aunque los instructores típicamente harán esto por ti, algunas veces a los instructores se les pasa hacer que las parejas cambien. Si esto sucede, recuérdales. Es importante que practiques lo que estás aprendiendo con tanta gente como puedas porque esto se asemeja más a lo que pasará una vez que salgas a bailar. Recuerda, una cosa es la figura en teoría. Otra, la figura en la práctica. No todas las personas bailan iguales o sienten el baile o la música iguales. Al practicar la misma figura con diferentes personas estás, desde un principio, practicando cómo diferentes seguidores o guías pueden alterar la figura que estás aprendiendo–y esto a su vez te forzará a que encuentres maneras de ajustarte a estos cambios–que es algo que todos debemos aprender porque el baile social de pareja es, por naturaleza, impredecible. 

 

  1. Recuerda que no estás bailando solo

Algunas veces nos olvidamos de esto. Pasa. Nos ponemos a hacer la figura, así como el instructor la muestra, y por alguna razón la figura no sale. Algunas veces, pensamos que lo estás haciendo todo bien, y realmente no es el caso. Otras, estamos, en efecto, haciéndolo todo bien, pero es la pareja la que comete el error. Cualquiera que sea el caso, no te olvides de que estás bailando con alguien más, lo que significa que no puedes guarecerte en tu propia burbuja y preocuparte solamente por si estás aprendiendo bien o no la figura, sin importar lo que esté pasando con la otra persona. Para que cualquier figura salga se requieren dos personas. En otras palabras, tienes que hacer una conexión con la otra persona. De eso se trata bailar, aún cuando estés aprendiendo algo nuevo. Siempre trabaja con tu pareja.

 

  1. No hables mientras el instructor está hablando

Más que nada, esto es de buena educación. Algunas veces, mientras intercambiamos parejas comenzamos a hablar y nos perdemos tanto en la conversación que no nos damos cuenta que el instructor está diciendo algo–y algunas veces las personas se percatan de esto, pero continúan hablando. Esto no solamente te perjudica a ti–porque te estás perdiendo información o consejos importantes que el instructor está intentado impartir, basado en lo que ha visto que los bailadores hacen–sino que también perjudica a los que te rodean y están intentando escuchar al instructor. Como regla general, diría que se puede hablar mientras se practica o se rota de parejas, pero la conversación debe terminar cuando el instructor comience a hablar.

(Y por favor: no seas de esos que, en el medio del taller, se ponen a un lado con alguien  y comienzan a enseñarle a la persona la figura porque la persona no la agarra todavía. Hay un instructor presente por una razón. Si tu pareja no está agarrando la combinación, pídele al instructor que vuelva a explicar. No intentes ser el instructor. Ya hay uno.)

 

  1. Graba la figura

Estamos en la era de la tecnología. Ya no necesitamos llevar cámaras gigantescas para grabar las cosas. Tu teléfono lo hace muy bien. Los instructores por lo general dejan que se grabe lo que han enseñado una vez que se acaba el taller; así que toma esta oportunidad para grabar lo que aprendiste para que así puedas verlo más tarde y mantener todo fresco en tu cabeza para cuando bailes socialmente. No obstante, a los instructores se les olvida algunas veces que algunos de los estudiantes quieren grabar; si eso sucede; recuérdales. La mayoría accederá.

 

  1. Practica lo aprendido cuando bailes socialmente

Como se dice: “la práctica hace al maestro”. Algo que también hace la práctica es que no te deja olvidar. Si vas a un taller y no practicas lo que te enseñaron, ¿cuál es el punto? En efecto, lo olvidarás todo. El social de baile que generalmente les sigue a los talleres es una gran oportunidad para practicar lo que has aprendido. No escatimes el chance de poner todo a práctica. Y lo que es más importante: no recaigas tanto en las figuras que ya conoces y con las que te sientes cómodo. ¡Practica lo más que puedas las figuras que acabas de aprender!

 

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